El tamaño importa (aunque no sólo)

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El camino que está recorriendo el Reino Unido es de obligado paso para el resto de países de Europa si, y sólo si, no quieren enfilar la senda que les lleve a una pérdida irremediable de influencia y peso específico.

No obstante, estas medidas son tan impopulares que casi ningún gobierno o gobernante se atreve ni tan siquiera a plantearlas. No olvidemos que Cameron y Clegg no han cumplido un año en el poder y ya han sido objeto de numerosas protestas e incluso disturbios por sectores que les apoyaron en las elecciones. El cincel, de toda la vida, duele. En España, por ejemplo, el gabinete de Rodríguez Zapatero se ha visto obligado a implementar las medidas tan sólo después de una fortísima y definitiva presión internacional. Hasta tal punto llega el pánico a la pérdida de votos que la oposición del Partido Popular, teóricamente liberal, no ha perdido el tiempo ni ocasión alguna en criticar al Gobierno por tales reformas.

Resulta complicado cambiar la mentalidad de millones de personas, que de manera continuada y a cambio de pequeñas cesiones de su libertad, se han dejado embaucar por ciertos cantos de sirena desde hace ya muchas décadas. Esta es quizá la parte más trágica que escondía Europa y que las crisis ha destapado: que estábamos vendidos y complacidos en el Estado. Lo bueno es que ahora podemos volver a plantearnos cuál es, como ciudadanos, nuestro papel y cuál es el del Estado. Lo malo es que parece que no queremos.

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Nos encanta el olor a subvención por la mañana

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Un sentimiento enfrentado pervive en Estados Unidos desde hace varios años. Es quizá la parte más visible de un torrente subterráneo que amenaza con cambiar, si no destruir, la manera tan típicamente americana de ser y estar en el mundo.

Se trata de un debate en el que se pone en juego el equilibrio entre el Estado (allí el Gobierno) y la sociedad. “Un espectro recorre Europa, el espectro del comunismo”, escribió Marx. Pero el gran George Will, terciando sobre el tema, actualiza la frase: “Un espectro recorre Estados Unidos, el espectro de Europa”. Es cierto, de todo Occidente, Europa supone la materialización de la peor cara del Estado. Por eso los americanos temen que Obama siga excediéndose en su modo Europeo de entender el Gobierno. Ése es el peligro Obama, que propine un golpe determinante al estilo americano de vida. Y eso es lo que temen millones de estadounidenses.

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La Gran Sociedad

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En la anterior entrada mencionaba a Res Publica y su alma mater, Phillip Blond. Era pertinente porque sin su figura no podríamos entender muchas de las declaraciones y posibles acciones del actual primer ministro David Cameron. Para hacernos una idea, más o menos precisa, Res Publica es el think tank de los torys, algo así como FAES para el Partido Popular.

Los conservadores ingleses, escarmentados por más de una década en la oposición, han aprovechado su particular paso por el Rubicón y se han procurado un corpus intelectual que, sin duda, les será muy útil ahora que están en el poder. A la criatura la llaman Big Society (la Gran Sociedad), parte nuclear de lo que se conoce como Red Tory (Conservadurismo Rojo o Conservadurismo Social) y que se sustenta sobre una premisa básica: el Estado y el Mercado han fracasado irrefutablemente.

¿Y qué propone? Un nuevo pacto social, una refundación de los principios sobre los que se asientan la sociedad, el Estado y las relaciones económicas o mercado.

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La incógnita de la política europea

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Si algo está demostrando la crisis es que en tiempos de turbulencia los votantes prefieren permanecer en brazos de gobiernos liberal-conservadores antes que socialdemócratas. Comúnmente, estos últimos son percibidos como ese amigo enrollado que siempre invita a copas con tarjeta de crédito ajena. En el imaginario colectivo se sitúan en las antípodas de la austeridad. Por el contrario, los conservadores mantienen una reputación seria y laboriosa –torpemente confundida a veces con inmovilista- que favorece un clima propicio para el afianzamiento y progreso económico. Quizá por ello, en Europa apenas restan gobiernos de izquierdas o progresistas, amén de la excepción ibérica (España y Portugal), que probablemente deje de serlo en un breve periodo de tiempo.

El crédito ciudadano, sin embargo, no admite “éxito seguro” como traducción simultánea para la expresión “gobierno liberal/conservador en tiempo de crisis”. O al menos no en esta. Los mejores ejemplos los encontramos en Francia, Alemania y Reino Unido. En el país de los galos, estatalistas hasta la médula, las manifestaciones por las reformas laborales paralizaron el país durante semanas. La izquierda, después de varias décadas en el banquillo, disfruta, por descontado, de lo lindo. En Alemania, el problema empezó por compasión –¿existe algo más conservador?- hacia los PIGS (¡la S es nuestra!), y después pasó a ser una “obligación” engorrosa. Lo que está claro es que cada vez más alemanes echan de menos su añorado marco y, por supuesto, detestan pagar la factura del fiestón de otros. Quizá sea esta un caso de estudio, con una canciller, Merkel, que disfruta de un gran prestigio de puertas para afuera, mientras que en su propio país habrá de vérselas para no perder, durante este año, incluso el bastión por excelencia de los democristianos.

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Es tiempo de elegir

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Es posible que, gracias a la crisis económica, nuevos aires estén penetrando en la rancia Europa. La clase política –desgraciadamente, identificada casi por completo con el Estado-, comienza a revolverse en su asiento, incómoda por lo que pueda ocurrir. Su apartamiento, bien lejos de una opinión pública manejable, es posible que esté llegando a su fin. Sin embargo, no seamos ingenuos, este bendito cambio no lo hemos provocado nosotros. La oportunidad es hija de los dolores de la crisis… pero desaprovecharla sería de estúpidos.

“En su enfrentamiento [del Estado] con la Sociedad, a la que desequilibra imprimiéndole una especie de arbitrario movimiento continuo en vez de dejarla seguir su curso natural, apenas puede ya controlarla a pesar de sus innumerables medidas disciplinarias” (Dalmacio Negro, Historias de las formas del Estado).

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La sangría, Sevilla y ZP

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En la última entrada de su blog, el ex ministro socialista Jordi Sevilla, trata de fundamentar lo que no deja de ser una suposición: que ZP volverá a ser cabeza de lista del PSOE para las generales de 2012.

Los argumentos parecen atractivos, pero su brillo no es el que produce el oro sino la hojalata, y por tanto, la imagen de futuro que pretende reflejar no es especialmente brillante. Digo esto porque no dejan de ser opiniones y cada cual puede pensar de ellas lo que buenamente le venga en gana.

Estas son, a fin de cuentas, las dos razones por las que Sevilla piensa que Zapatero se presentará de nuevo en 2012:

La primera, porque no le veo explicando ante los ciudadanos, en el Parlamento o en un Comité Federal del PSOE las razones por las que, en este contexto tan difícil, renuncia a volver a ser candidato.

[...]

La segunda, porque su marcha dejaría al PSOE, al que ha dedicado toda su vida, en un situación “provisional”, aunque sea una de esas cosas provisionales que en España duran años.

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Aún hay partido

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Las autonómicas y municipales del próximo mayo se prevé que sean un varapalo para el Partido Socialista, a pesar de los esfuerzos de los distintos barones y cabezas de lista por separarse tanto como sea posible de Zapatero y su Gobierno.

De hecho, una de las demandas que más se han escuchado en los círculos autonómicos es la propia insistencia socialista para que Zapatero deje la presidencia del gobierno antes de las elecciones municipales, de tal forma que los ciudadanos no lleven a cabo un voto de castigo que debería ser depositado en otra urna.  En cualquier caso, lo más improbable sería la convocatoria de elecciones generales -el tiempo se echa encima-, por lo que algunos proponen que se opte por el camino que escogió Suárez: la dimisión. De esta forma, aparentemente caerían dos pájaros de un tiro. Además de diluir la inquina generalizada hacia el actual líder socialista -lo que sería un auténtico regalazo para los que se han de batir en la arena política- se despejaría por fin la cuestión sucesoria en el PSOE.

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La primera, en la frente

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George Will es uno de los periodistas más influyentes de Estados Unidos. Ha ganado un premio Pulitzer y sus columnas son leídas con algo más que atención por los liberal-conservadores yankies. De hecho, es uno de los periodistas cuyas columnas mantienen un mayor número de medios sindicados. Sin duda alguna, se trata de toda una personalidad.

Pues bien, Goerge Will ha hablado. Y lo ha hecho para poner un obstáculo nada pequeño en la presumible carrera presidencial de Sarah Palin. Literalmente ha dicho, durante un programa de televisión en la cadena ABC, que “Sarah no puede ser elegida presidente”. Ahí es nada. Cuando apenas quedan unos meses para que den comienzo las agotadoras primarias republicanas, Sarah Palin, quizá la única que las empezó hace dos años, ha recibido el primer sopapo político… y en toda la cara.

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