Si algo está demostrando la crisis es que en tiempos de turbulencia los votantes prefieren permanecer en brazos de gobiernos liberal-conservadores antes que socialdemócratas. Comúnmente, estos últimos son percibidos como ese amigo enrollado que siempre invita a copas con tarjeta de crédito ajena. En el imaginario colectivo se sitúan en las antípodas de la austeridad. Por el contrario, los conservadores mantienen una reputación seria y laboriosa –torpemente confundida a veces con inmovilista- que favorece un clima propicio para el afianzamiento y progreso económico. Quizá por ello, en Europa apenas restan gobiernos de izquierdas o progresistas, amén de la excepción ibérica (España y Portugal), que probablemente deje de serlo en un breve periodo de tiempo.
El crédito ciudadano, sin embargo, no admite “éxito seguro” como traducción simultánea para la expresión “gobierno liberal/conservador en tiempo de crisis”. O al menos no en esta. Los mejores ejemplos los encontramos en Francia, Alemania y Reino Unido. En el país de los galos, estatalistas hasta la médula, las manifestaciones por las reformas laborales paralizaron el país durante semanas. La izquierda, después de varias décadas en el banquillo, disfruta, por descontado, de lo lindo. En Alemania, el problema empezó por compasión –¿existe algo más conservador?- hacia los PIGS (¡la S es nuestra!), y después pasó a ser una “obligación” engorrosa. Lo que está claro es que cada vez más alemanes echan de menos su añorado marco y, por supuesto, detestan pagar la factura del fiestón de otros. Quizá sea esta un caso de estudio, con una canciller, Merkel, que disfruta de un gran prestigio de puertas para afuera, mientras que en su propio país habrá de vérselas para no perder, durante este año, incluso el bastión por excelencia de los democristianos.
En Reino Unido, los conservadores, que junto a los liberales gobiernan desde el pasado mayo, no andan mucho mejor. Ya han sufrido distintos disturbios sociales, principalmente a causa de la subida las tasas universitarias (medida con la que Nick Clegg –liberal- rompió una de sus promesas electorales); pero la prueba de fuego será este 2011 que acaba de comenzar. Inspirado por la Gran Sociedad de Phillip Blond, actual pensador de cabecera de los torys, Cameron se ha propuesto devolver el protagonismo a los ciudadanos. Posiblemente, así expresada la idea suene fenomenal, pero el miedo a un estrepitoso fracaso en áreas tan importantes como la educación, la sanidad y la seguridad, se lo pone realmente difícil. Cameron, que para empezar ha despedido a miles de funcionarios, es consciente de que en el envite va toda su carrera y no va dejar que le tiemble el pulso en aplicación de las reformas. De todas formas, su destino se reduce a convertirse en una nueva suerte de Margaret Tatcher o en el Primer Ministro que hizo perder a Inglaterra tiempo y recursos inestimables. Veremos.
En cualquier caso, aunque los gobiernos liberal-conservadores tengan suficientes problemas como para afirmar que tienen un gran reto por delante, lo cierto es que gobiernan (algo que la Izquierda ni siquiera puede imaginarse ahora mismo) y que gozan de un prestigio que iguala las dificultades. Algo que por ahora es difícil decir de Rajoy, presumiblemente próximo Presidente del Gobierno de España, que a día de hoy es sin duda la gran incógnita de la política europea.




ene 10, 2011 @ 22:56:10
buenísimo!!muy interesante!!